Dies Irae

El TBO: Josep Coll i Coll

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De pequeño fui un ávido lector del TBO, una revista que ha pasado a la historia en este país e incluso ha dado nombre a la historieta gráfica, el comic, como se denomina desde los años 80 del siglo pasado. Mis personajes preferidos en aquellos tiempos eran Altamiro de la Cueva, Josechu el vasco, el Profesor Franz de Copenhague y uno cuyo nombre no recuerdo del estilo del Rompetechos de Ibañez. A medida que crecí empezó a gustarme también la penúltima página, un batiburrillo de anéctodas, chistes y curiosidades varias impresas en letra minúscula, al estilo de ¿sabías que…? o increíble pero cierto.Sin embargo, con el paso de los años, recordando aquellos tiempos, las historietas que recuerdo como las más elegantes y atractivas son las de Josep Coll: cortas, precisas, de trazo seguro, estilizado, dinámico, limpio, sin errores de cambio de plano ni de continuidad. Un estilo muy maduro y, como diríamos hoy, muy cinematográfico. Historias que denotaban claridad de ideas y de expresión, la obra de un artista que sabía muy bien qué contar y cómo.

coll.jpgJosep Coll nació en Barcelona en 1924, en una familia dedicada al negocio de la construcción. Debido a las penurias ocasionadas por la guerra civil a los 12 años se ve obligado a trabajar como cantero, aunque consigue estudiar en la Escuela Industrial (tres cursos de mecánica) y en la de Artes y Oficios (uno de delineante). Admirador de Benejam, al que imitaba, en una conversación éste le aconsejó estilizar sus personajes, consejo que siguió y que le permitió definir su particular estilo. A la vuelta del servicio militar empieza a mandar dibujos a editoriales y en 1948 pública por primera vez en la revista Chispa, a la que le siguen otros trabajos en Mundo Infantil, PBT, KKO, Pocholo, Nicolas, Timoteo y La Risa. En los 50 colabora con Alex, Tururut y L’Infantil.

En 1949 empieza a trabajar en TBO. Absorbido por su trabajo como dibujante decide dejar la construcción. Con los años se convirtió en uno de los puntales de la publicación. Durante esta época solía veranear en Cerdanyola, donde dejó varios dibujos dedicados a la familia regente del Bar Grau. Sin embargo, en 1964 descubrió que cualquier albañil, trabajando menos que él, ganabas más, así que abandonó el lápiz y volvió a su antiguo oficio, aunque también es posible que lo dejara debido a que TBO cedió sus derechos a Bruguera, la cual adoptó una política de renovación y dejó a muchos dibujantes en el paro. No volvió a publicar hasta 1981, para Primeras Noticias. Después llegó el II Salón del Comic de Barcelona y las revistas Balalaika y El Cairo.

El 15 de Julio de 1984 le encontraron muerto en el baño de su casa con un cable eléctrico alrededor del cuello. Tenía 61 años. Nos queda su legado, sus historias de personajes solitarios en lugares solitarios, siempre con expresión perpleja y, casi siempre, abocados al fracaso y a ser burlados. Gracias Coll.

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Fuentes:
José Coll
Rosa’s Page
Coll en Lambiek.net
Página de Andreu Salillas

28 abril 2007 Posted by | Comic | 3 comentarios